"...,seguía viviendo en una especie de vacío. No podía continuar eternamente de aquella forma.
...En realidad, no podía hacer nada. Los fantasmas estaban siempre presentes, aferrándome con fuerza. Cuando llovía, todo era aún peor. Con la lluvia, me asaltaba la ilusión de que, de un momento a otro, iba a aparecer Shimamoto. Ella abría la puerta en silencio y traía consigo el olor a lluvia. Podía imaginar la sonrisa que flotaba en sus labios. Yo decía algo equivocado y ella negaba con la cabeza, en silencio, sin dejar de sonreír. Todas mis palabras perdían fuerza y se iban derramando poco a poco fuera del mundo real como las gotas de lluvia que se deslizaban por los cristales de la ventana. Esas noches sentía que me ahogaba. Las noches de lluvia deformaban la realidad, distorsionaban el tiempo.
...Todo cuanto se reflejaba en mis ojos era monótono, vacío, provisional; y todo de color arena.
..."Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final sólo queda el desierto".
...y tan pronto como en mi mente la conciencia de la existencia del sobre fue sustituida por la de su inexistencia, ocurrió que, de manera paralela, el sentido de la realidad colindante a la existencia del sobre fue desapareciendo con celeridad. Era una sensación muy extraña, parecida al vértigo. Me dijera lo que me dijese, la conciencia de la inexistencia del sobre fue creciendo deprisa en mi interior erosionando violentamente mi seguridad. La conciencia de la inexistencia del sobre hacía flaquear mi convicción de que el sobre hubiera existido alguna vez, la engullía con voracidad.
Hay una realidad que demuestra la verdad de un hecho. Porque nuestra memoria y nuestros sentidos son demasiado inseguros, demasiado parciales. Incluso podemos afirmar que muchas veces es imposible discernir hasta qué punto un hecho que creemos percibir es real y a partir de qué punto sólo creemos que lo es.
Así que para preservar la realidad como tal, necesitamos otra realidad -una realidad colindante- que la relativice. Pero, a su vez, esta realidad colindante necesita una base para relativizarse a sí misma. Es decir, que hay otra realidad colindante que demuestra, a su vez, que ésta es real. Y esta cadena se extiende indefinidamente dentro de nuestra conciencia y, en un cierto sentido, puede afirmarse que es a través de esta sucesión, a través de la conservación de esta cadena, como adquirimos conciencia de nuestra existencia misma. Pero si esta cadena, casualmente, se rompe, quedamos desconcertados. ¿La realidad está al otro lado del eslabón roto? ¿Está a este lado?
En aquel momento, me asaltaba una sensación de ruptura parecida."
Fragmentos extraídos del libro 'Al sur de la frontera, al oeste del sol' que me han hecho recordar cierta similitud con la realidad de la que nos hablaba Kazantzakis, quien no aceptaba los límites y se definía como el trabajador del abismo.
La realidad era para el lo que imaginaba su mente, todas las sensaciones que experimentaba las asociaba a su mente, ella era la creadora.
Kazantzakis decía al inicio de su obra 'Ascesis' : 'Sólo yo existo. Soy la teoria y la praxi. Soy la ley. Fuera de mí, nada existe. Venimos de un abismo tenebroso. Vamos hacia un abismo tenebroso. El espacio de claridad que hay en medio lo llamamos vida'.
¿Qué es en realidad real? Volvemos a caer en el abismo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario