Hajime, principio en japonés, nació la primera semana del primer mes del primer año de la segunda mitad del siglo XX, hijo único, hecho que le marcó pero que a la vez hizo que también su mejor amiga fuese hija única, Shimamoto, con la que compartió secretos y aficiones, pero a la vez, después de muchos años se encontrasen y renazca la atracción entre ellos. Hajime, obsesionado, parece dispuesto a dejarlo todo por ellla...
Sutilmente Murakami nos presenta la trama de un amor perdido y recobrado, la consumación de una promesa de plenitud, la indefinible sensación de desajuste con el mundo que acucia al hombre contemporáneo.
A ambos nos costaba expresar nuestros sentimientos.
...el muro de defensa que había levantado a su alrededor era mucho más alto que el mío. Pero el ser que se escondía detrás se me parecía de una manera asombrosa.
Enseguida me acostumbré a estar con ella a solas. Para mí era una experiencia nueva. A su lado no me sentía intranquilo...
La música clásica:
Aquellas melodías me hablaban de "otro mundo", y lo que me atraía de aquel "otro mundo" era, quizá, que Shimamoto pertenecía a él.
Escuchabamos las oberturas de Rossini, la Pastoral de Beethoven y Peer Gynt.
escuchando esos conciertos. Esto me producía una auténtica emoción. Yo conocía un mundo que los demás ignoraban. Sólo a mí me estaba permitido al acceso a un jardín secreto. Pero conforme la iba escuchando
empezó a adquirir cohesión dentro de mi conciencia, al igual que va definiéndose poco a poco una imagen borrosa.
Nat King Cole, Pretend : Pretend you're happy when you're blue,
It isn't very hard to do.
"Cuando estés triste, finge que eres feliz. No es tan difícil"
Igual que la sonrisa que ella esbozaba siempre. Ésa es, desde luego, una manera de ver las cosas. Pero a veces cuesta.
Yo debía haber seguido ligado a Shimamoto. La necesitaba y ella, por su parte, tal vez me necesitara a mí.
Pero era demasiado consciente de mí mismo, tenía demasiado miedo a que me hirieran. Y no volvimos a vernos durante mucho tiempo.
...la seguí recordando con cariño. ...el calor de su recuerdo me confortó y alentó incontables veces. Y durante mucho tiempo ocupó un lugar especial dentro de mi corazón. Lo guardé para ella, de la misma forma que se pone un aviso de "reservado" en la mesa más tranquila al fondo de un restaurante. Y eso pese a creer que no volvería a verla jamás.
Me hacía feliz dejar de ser el yo que había sido.
Leía mucho, escuchaba música. La lectura y la música me habían gustado siempre, pero la amistad con Shimamoto había estimulado y pulido las dos aficiones. Me acostumbré a ir a la biblioteca y a leer cuanto caía en mis manos. Cada vez que empezaba un libro, no podía dejarlo. Era como una droga.
Izumi dijo: -No me atosigues. Yo tengo mi propio ritmo. No soy tan espabilada. Necesito mi tiempo para hacer las cosas. ¿Podrás esperar? Luego, sin mediar palabra, nos dirigimos a la parte umbría del edificio, nos abrazamos y nos besamos. Éramos un caracol que había perdido el caparazón y una rana que había perdido las menbranas. La apreté con fuerza contra mi pecho. Nuestras lenguas se tocaron con suavidad. No se resistió. Sólo cerró los ojos, suspiró.Ella apoyó la palma de la mano sobre mi corazón. Su tacto se fundió con mis latidos.¿Cómo podría hacerle daño? Entonces no lo sabía. No sabía que era capaz de herir a alguien ta hondamente que jamás se repusiera. A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir.
La relación entre Izumi y yo era muy distinta a mi relación con shimamoto. Sin embargo, cuando me sentaba a su lado y le rozaba los dedos, una clidez natural me colmaba el corazón. A ella podía decirle con relativa facilidad cosas que no podía decirle a nadie más. Me gustaba besarle los párpados y los labios. Ella me hacía sentir como esas mañanas de domingo.
Pero ella me escuchaba con interés. Y me animaba. "Seguro que serás una persona maravillosa. Hay algo magnífico dentro de ti", aseguraba. Y lo decía en serio.
Era la 'unica persona que me había hablado de esa forma en toda mi vida.
Quizás aquella nueva situación cambiara al ser humano que yo era. Y, pese a la inseguridad que sentía, deseaba con todas mis fuerzas que ese cambio se produjera. Mi cuerpo y mi espíritu anhelaban una tierra desconocida, un soplo de aire fresco. Ante mis ojos, el mundo se disponía a sufrir cambios enormes y yo quería sentir directamente esa fiebre sobre mi piel.
de la misma manera que hay quien ama secretamente los diluvios, los terremotos y los apagones, yo prefería ese algo recóndito que alguien del sexo opuesto emitía hacia mí. A ese algo voy a llamarlo aquí "magnetismo".
Una fuerza que te atrae y te absorbe, te guste o no te guste, quieras o no. Quizá pueda compararse al aroma de un perfume. Es un aroma especial. Uno que hechiza sólo a una o dos personas en este mundo.
Su magnetismo era demasiado fuerte. Tenía muy claro que no podía dejarla pasar de largo. Seguro que me habría arrepentido toda la vida.
Creo que los dos sentíamos que estábamos en el ojo del huracán que antes o después pasaría de largo. Aquello, lo sabíamos, no tenía por qué durar siempre. Por eso, cuando nos veíamos, en un rincón de nuestra cabeza estaba presente la idea de que tal vez fuera aquélla la última vez que nos abrazábamos. Y ese pensammiento no hacía más que inflamar nuestro deseo sexual.
Lo importante era la conciencia de estar apasionadamente involucrado en algo que me desbordaba y que en ese algo indefinido hubiera una cosa que necesitaba.
Uno u otro habría acabado alejándose. Porque lo que nosotros realizábamos era un acto necesario, un acto natural y espontáneo que no admitía ser puesto en cuestión. Desde el principio, le estaba negada la posibilidad de cosas como el amor, el sentimiento de culpa o el futuro.
Cuando nos separábamos, me sentía triste e inseguro. La soledad empezó a dolerme; el silencio, a exasperarme.
Este mundo es como el desierto y todos tenemos que hacernos a la idea. Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene mucha importancia. Al final, sólo queda el desierto. El desierto es lo único que vive de verdad. Como en la película de Walt Disney, Living Desert.
"Todo se va deprisa", pensé. Algunas cosas desaparecen de repente como si las hubieran cortado. Otras se van difuminando despacio antes de borrarse definitivamente. "Y lo único que queda es el desierto".
Encuentro entre Hajime y Shimamoto:
-Durante aquella época pensaba mucho en ti. siempre pensaba lo maravilloso que sería verte y hablar contigo, aunque fuera sólo una hora.
Cuando se lo dije, sonrió.
-¿Pensabas mucho en mí?
-Sí.
-Yo también pensaba en ti -dijo Shimamoto-.
Cada vez que sufría. Tú has sido el único amigo que he tenido en toda mi vida.
"Tal vez haya sido una ilusión", pensé.
Al mirar la lluvia sin pensar en nada, tienes la sensación de que tu cuerpo se va soltando poco a poco y que te vas separando del mundo real. Quizá la lluvia tenga un poder hipnótico.
Pero no había sido una ilusión.
Me había dicho que era el único amigo que había tenido en su vida. Y, al oírlo, me había sentido feliz. Había creído que podríamos volver a ser amigos. Tenía tantas cosas que decirle. Quería pedirle su opinión acerca de todo. No me importaba que no quisiera contarme nada sobre sí misma. Me bastaba con verla y hablar con ella. Pero no volvió.
Pero, si se quiere irmás lejos, hay que tener un talento especial. Es talento, sin más. Como en el arte. Existe una línea, hay quien puede cruzarla y hay quien no.
Nadie se sumerge en ninguna aventura esperando resultados mediocres. La gente, pese atener un chasco nueve de cada diez veces, desea tener al menos una experiencia suprema, aunque sólo sea una vez. Y eso es lo que mueve el mundo. Eso es el arte, supongo.
La miré a los ojos. Parecían aguas profundas que brotaran de un manantial en una umbría silenciosa entre montañas donde no soplara el viento. Nada se movía en ellos, todo permanecía inmóvil. Tuve la sensación de que, mirándolos fijamente, se distinguía una imagen reflejada en la superficie de las aguas.
Aquí aparecen los elementos premonitores de cambios, tan utilizados por Murakami, son los cuervos, alerta de cambios, de peligros:
Había cuervos por todas partes. Al vernos pasar, lanzaban breves graznidos, como si emitieran alguna señal para otros congéneres.
Mientras condicía pensé que, si no volvía a verla, me volvería loco. En el instante en que ella bajó del coche, mi mundo perdió de golpe todo sentido.
Ante ella, era incapaz de juzgar qué debía hacer, qué debía decir. Intentaba serenarme. Intentaba pensar. Pero de nada servía. Tenía la sensación de decir siempre cosas equivocadas, de no hacer nunca lo correcto.
Dijera lo que dijese, hiciera lo que hiciese, ella ahogaba todos sus sentimientos y me miraba esbozando aquella maravillosa sonrisa.
A través de una fotografía no puedes comprender nada. No es más que una sombra. El verdadero yo está en otro sitio.. Y eso no sale reflejado en la imagen.
Aquella fotografía hacía que me doliera el corazón. Al mirarla, me daba cuenta de cuánto tiempo había perdido. Un tiempo precioso que jamás volvería. Un tiempo que, por más que me esforzara, jamás podría recuperar. Un tiempo que únicamente existía en aquel instante y en aquel lugar. Mantuve los ojos fijos en la fotografía durante largo rato.
-¿Por qué la miras con tanta atención?-dijo Shimamoto.
-Para llenar ese espacio de tiempo-le respondí-.
No te he visto durante más de veinte años. quiero llenar este vacío.
-Si hubiera estado contigo en aquella época, seguro que habría acabado pensando que era un estorbo. Seguro que te habrías hartado de mí. Como eras más activo, habrías deseado volar hacia mundos más amplios. Y, para mí, habría sido muy duro.
-Shimamoto -dije-, esoes imposible. Jamás me habría cansado de ti. Entre nosotros había algo muy especial. Lo sé muy bien. No puedo explicarlo con palabras. Pero estaba ahí. Y era lago muy valioso, muy importante. Deberías saberlo tú también.
-Oye, Hajime -dijo-, es una lástima, pero hay cosas que no pueden volver atrás. Una vez has dado un paso hacia delante, por más que lo intentes, ya no puedes retroceder. Si se estropean, así se quedan para siempre.
Pero desde que Shimamoto había dejado de venir, me parecía hallarme sobre la superficie sin aire de la luna. Al desaparecer ella, no podía encontrar en este mundo a nadie a quien abrirle mi corazón.
Entonces ella me quería de verdad. Me había abierto su corazón. Pero yo me había detenido. Me había detenido en aquel mundo sin vida, desierto como la superficie de la luna. Poco después, Shimamoto se había ido y mi vida babía vuelto a perderse.
En aquellas noches de insomnio, rememoraba los recuerdos con toda su intensidad. Las horas que iban de la medianoche al alba eran largas y duras. A veces pensaba que llorar me produciría alivio. Pero no sabía por qué llorar. No sabíapor quién llorar. Era demasiado egoísta para llorar por los demás, demasiado viejo para llorar por mí. Nopodía seguir viviendo de aquella forma. Ésa era mi conclusión definitiva.
La Soledad :
Nadaba imaginando que me había convertido en unpez. Un simple pez que no tenía nada en qué pensar. Ni siquiera en nadar. Bastaba con que estubiera allí, a solas conmigo mismo.
Crisis matrimonial :
Así que, ya ves, no es que esté enfadado. Sólo que , a veces, acabo por no saber quién soy. A veces no sé si hago bien o no. Y me siento confuso. Pero eso no quiere decir que esté enfadado.
-Pues lo pareces.
Suspiré.
- Y siempre estás suspirando de ese modo. Últimamente, parece que te irrite algo. Estás como abstraído, pensando en algo.
De repente sentí un violento impulso de confesárselo todo. Pensé en lo aliviado que me sentiría si se lo contara. Así ya no tendría queocultar nada más. No habría necesidad alguna de fingir, ni tendría que mentir.
"Estoy enamorado de otra mujer y no logro quitármela de la cabeza..".Por supuesto, no le dije nada.
-Star-Crossed Lovers -dijo Shimamoto-. ¿Sabes lo que quiere decir?
-Habla de unos amantes que nacieron bajo el signo de la fatalidad. Amantes desdichados. Se refiere a Romeo y Julieta. Ellington y Strayhorn compusieron la suite que incluye esta melodía para el Shakespeare Festival de Ontario. En la interpretación original, el saxo alto de Johnny Hodges hacía de Julieta y el saxo tenor de Paul Gonsalves, de Romeo.
-Parece compuesto expresamente para nosotros dos, ¿no?
-Cuando te miro, tengo la sensación de estar viendo una estrella lejana -dije-. Es muy brillante. Pero la luz que veo fue emitida hace decenas de años. Y ahora la estrella tal vez ya no exista. No obstante, a veces esa luz me parece más real que cualquier otra cosa en el mundo.
-Tú estás aquí -proseguí-, o eso parece. Pero quizá no lo estés. Quizá lo que veo no sea más que una especie de reflejo, y la auténtica Shimamoto se encuentre en otro lugar. Quizás hayas desaparecido hace mucho, mucho tiempo. Cada vez estoy menos seguro. Y cunado alargo la mano e intento comprobarlo, te escondes detrás de palabras como "quizá" y "por una temporada". Óyeme, ¿durará mucho esto?
-Posiblemente, algun tiempo.
-Tienes un curioso sentido del humor -le dije. Y sonreí. Ella también. Fue una sonrisa parecida al primer rayo de sol que, abriéndose camino en silencio a través de las nubes, brilla después de la lluvia.
Sólo quedamos ella y yo. El resto no era más que una ilusión. Sin coherencia ni necesidad. Un simple decorado de papier-mâché. Lo único real éramos Shimamoto y yo.
South of the Border:
A fuerza de mirar, día tras día, cómo el sol se eleva por el este, cruza el cielo y se hunde por el oeste, algo, dentro de ti, se quiebra y muere. Y tú arrojas el arado al suelo y, con la mente en blanco, emprendes el camino hacia el oeste. Hacia el oeste del sol. Y sigues andando cmo un poseso, día tras día, sin comer ni beber, hasta que te derrumbas y mueres. Esto es lo que se llama hiseria siberiana.
-¿Qué hay al oeste del sol?
-No lo sé. Tal vez no haya nada. O tal vez sí. En todo caso, es un lugar distinto al que está al sur de la frontera.
Durante las dos semanas siguientes, viví inmerso en una sucesión de recuerdos sin fin. Había desaparecido guardándoselo todo dentro.
Las fuerzas habían abandonado mi cuerpo por completo. Como si alguien se me hubiese acercado sigilosamente por la espalda y me hubiese desenchufado. Hinqué los codos en la mesa y me cubrí la cara con las palmas de las manos.
Dentro de esa oscuridad, pensé en la lluvia que caía sobre el mar. La lluvia que caía furtivamente, sin que nadie lo supiera, en un vasto mar. Las gotas de lluvia golpeaban mudas las superficie del agua, sin que ni siquiera los peces lo percibieran.
Hasta que alguien se acercó y posó suavemente su mano sobre mi espalda, seguí pensando en el mar.
Los tres personajes quedan atrapados en el desierto, cada uno por separado, quedan relegados y olvidados con su dolor en un eterno e infinito desierto, en el vacío, por siempre...
Es el mundo del abismo de Murakami, el dolor del amor inalcanzable...
Referencias musicales:
Piano trio de jazz.
Nat King Cole, Bing Crosby, Rossini, Peer Gyny.
Star-Crossed Lovers
Embraceable You
Burning Dwn the House de Talking Heads
Nat King Cole South of the Border (Al sur de la frontera)
" " " Pretend Pretend you're happy when you're blue
It isn't very hard to do.
AS Time Goes By
The Living Desert, de Disney. (Documental sobre el desierto)